El 23 de agosto, conmemoramos el Día del Internauta. Celebramos el momento en que, en 1991, la World Wide Web se abrió al público, una innovación que prometía democratizar el acceso a la información y conectar a la humanidad. Tres décadas después, esa red no es solo un espacio de ocio y conocimiento, sino el epicentro de nuestro entorno laboral, especialmente en el sector TIC. Y como en toda revolución, debemos preguntarnos: ¿está esta transformación sirviendo para mejorar la vida de los trabajadores y trabajadoras?
Desde RSTIC, vemos que la promesa original de la red se enfrenta a nuevos y complejos desafíos laborales. La hiperconectividad, acelerada por el teletrabajo, ha difuminado peligrosamente las fronteras entre la vida personal y la profesional. El «estar siempre disponible» se ha convertido en una expectativa no escrita que genera estrés, ansiedad y burnout. Por eso, nuestra lucha por el derecho a la desconexión digital no es un capricho, sino una necesidad fundamental para la salud mental y la conciliación.
Otro frente de batalla es la vigilancia y el control algorítmico. Cada vez más empresas implementan software que monitoriza la actividad, mide la productividad e incluso toma decisiones sobre ascensos o despidos basándose en datos opacos. Exigimos transparencia. Los trabajadores y trabajadoras tienen derecho a saber cómo se les evalúa, a que los algoritmos sean auditados y a que la decisión final siempre recaiga en un criterio humano, justo y negociado.
Finalmente, hablemos de la brecha digital interna y la inteligencia artificial. La tecnología avanza a un ritmo vertiginoso, y no podemos permitir que nadie se quede atrás. La formación continua y el reciclaje profesional (reskilling) no deben ser una responsabilidad individual, sino una obligación de las empresas, garantizada a través de la negociación colectiva. La llegada de la IA no debe ser sinónimo de destrucción de empleo, sino una oportunidad para revalorizar el trabajo humano, automatizando tareas repetitivas y creando puestos de mayor calidad. Pero esto solo ocurrirá si los trabajadores, a través de sus representantes, participamos activamente en la planificación e implementación de estas tecnologías.
En este Día del Internauta, no solo celebramos la tecnología. Reivindicamos nuestro derecho a gobernarla. La red debe ser una herramienta para nuestro progreso, no una jaula digital. Como sindicato, en RSTIC seguiremos trabajando para que cada clic, cada línea de código y cada conexión sirvan para construir un futuro laboral más justo, digno y humano para todos y todas.